
A propósito de la conmemoración del Día Mundial de la Religión el pasado 18 de enero y la Semana Mundial Interconfesional se celebró hace unos días, queremos reflexionar acerca de la importancia del respeto por las creencias y de la libertad de creencias y religión como un derecho. Por ello queremos conversar sobre el auge y la presencia de lo religioso en estos tiempos, ¿será real y está de moda?
Hemos visto cómo cada vez hay más símbolos religiosos en la música pop, más influencers religiosos con millones de seguidores, más activismo religioso en lo político, y el lenguaje espiritual circula con mayor frecuencia en las redes sociales, en los medios de comunicación y en la sociedad en general. Ante este escenario, surgen preguntas como ¿será que la religión y la espiritualidad están de moda? ¿Estamos frente a una nueva mirada de lo espiritual? o ¿por qué las personas, incluso las más jóvenes, están recurriendo más a lo religioso?
En Latinoamérica se sigue creyendo en Dios pero no tanto en la Iglesia.
América Latina y el Caribe concentran más de 575 millones de católicos, es decir, más del 40 % del total mundial (estimaciones basadas en estadísticas del Vaticano y estudios demográficos regionales). Sin embargo,cada vez menos personas se identifican con una religión específica o asisten a una iglesia.
La investigación “Declive institucional y creencia resiliente: comprender la secularización en América Latina”, publicada en 2025 y basada en dos décadas de encuestas a más de 220.000 personas en 17 países, muestra un patrón particular: La creencia en las instituciones religiosas está disminuyendo.
Pero dejar de nombrarse como una persona religiosa o dejar de asistir a una iglesia no significa dejar atrás la fe. Más bien, implica construir una espiritualidad propia, menos mediada por jerarquías y más conectada con la experiencia personal.
Esta forma de vivir la religión y las diferentes espiritualidades en latinoamérica está relacionada con nuestra historia desde la colonización. Latinoamérica ha sido un territorio de sincretismos religiosos, matizado por cruces y mezclas, expresadas en: creencias indígenas y afrodescendientes, prácticas católicas, movimientos protestantes y nuevas espiritualidades que han convivido y dialogado durante siglos.
Lo religioso como búsqueda de sentido
El auge de lo religioso en la cultura pop, en las redes sociales, en los medios de comunicación y en las prácticas sociales, entre otros espacios de la vida cultural, social y política, no puede leerse sólo como una moda pasajera. En un contexto marcado por la incertidumbre, la violencia, los conflictos, la pérdida de proyectos de vida personal y colectiva y el vuelco a discursos de odio y conservadurismo, la espiritualidad aparece como una búsqueda de sentido individual.
Así podemos afirmar que la fe no desapareció, está encontrando otros lenguajes, narrativas, relatos, imaginarios, personajes, otras formas de expresarse desde formatos diferentes a los convencionales y así mismo, ha planteado nuevas preguntas y miradas.
Si algo está regresando con fuerza, ojalá no sea la religión como dispositivo de poder, de control y disciplinamiento, sino que emerja una espiritualidad y nuevas formas de creer como espacio de sentido, de consciencia individual y de transformación colectiva.
Por eso, desde Católicas por el Derecho a Decidir – Colombia (CDD Colombia) queremos propiciar una conversación más amplia, profundamente transformadora: una conversación que vaya más allá de entender la religión únicamente como un conjunto de normas o estructuras institucionales, y que nos permita redescubrir la fe y la espiritualidad como una experiencia viva y liberadora.
Creemos que es tiempo de “poner de moda” una espiritualidad que no se imponga desde el miedo ni desde la culpa, sino que nazca del amor eficaz, la conciencia y la justicia social . Una espiritualidad que reconozca que la relación con Dios, con esa presencia divina que también podemos nombrar como Diosa, Ruah, Sabiduría o Misterio, es íntima, diversa y profundamente respetuosa de nuestra autonomía moral.
Desde CDD Colombia afirmamos que nuestro Dios/Diosa no vigila para castigar, sino que acompaña con ternura cada proceso humano. Es una presencia que camina con nosotras en nuestras decisiones, incluso, y especialmente, en aquellas que son difíciles, complejas o atravesadas por dilemas éticos. Una espiritualidad liberadora reconoce que la conciencia es un espacio sagrado y que decidir desde ella es un acto de responsabilidad, no de pecado.
Queremos aportar a la construcción de una fe que celebre la vida en todas sus formas, que abrace las diversidades sexuales y de género, que reconozca la dignidad de las mujeres y de todas las personas como sujetas morales capaces de decidir. Una fe que dialogue con los derechos humanos y que entienda la justicia social como una expresión concreta del Evangelio.
No se trata de abandonar la fe ni de convertirla en moda del mercado, sino de resignificarla. De habitarla desde la libertad, la corresponsabilidad y la esperanza. De reconocer que creer también es un acto político cuando defendemos la dignidad, la autonomía y el derecho a decidir.